psicomágica
Cruza la calle en diagonal un perrito beige de puta francesa, de los que las vecinas de Coraline embalsaman disfrazados de angelitos atragantándote lo sweet en 3d.
Madonna me susurra “vogue“.
Se me pasan varias imágenes en la cabeza: ese noviecito teen parecido a Axel Rose que decía que yo me parecía a la cantante pop (¿?). Miro el recuerdo ladeando atónita un poco la cabeza, me acuerdo de los ejercicios de meditación y del fluir del río y de reconocer los pensamientos y dejarlos ir OM. Lo dejo ir, como un camalote ponele, porque me dá impresión la ecología de mi cerebro, de tanta cosa no reciclada dando vueltas. OM.
Después pienso (dos cuadras más allá, entre la casa encantada y callao), que si hubiera nacido hombre tendría que haber devenido travesti. Que si hubiera nacido hombre tendría que sostener un nombre barbudo, revolucionario y rimbombante, como Ernesto o Jerónimo (en realidad los dos juntos, desgracia progre), esos nombres difíciles de quebrarles con gracia la cintura.
En realidad pienso en caminos desde diferentes puntos de partida.
Para ser Rosa China.
Para ser Yo.
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