Escuela lenta de dibujantes

-Dice mi amiga y quién es Javier Carricajo?
-un P I N T O R- contesto, hablando con mayúsculas y pausado.
-así es, exactamente-asiente otra.
Es sábado y abandono la ciudad, shalá-lá, el mouse y la wifi hacia la isla. Parto hacia un seminario con mi off familiar que no falta en la cartera de esta dama.
Un post inmediato que no fué contaba: la ciudad me ciega. El gris sostenido muchas veces se me impone a la vista que se obstura a los detalles y paso temporadas críticas sin tomar fotografías. Me siento con un lápiz a enfrentar una cosa de verde compacto, un boceto rápido, un detalle, una hora dos mirando y las complejidades afloran en la contemplación, abandono la forma y busco los valores que se escapan con la luz el mundo se hace inabarcable y recobro la sensibilidad de la mirada. Me he curado, otra vez.
Cierta felicidad me arruya en el cansancio de la lanchita de regreso, atravesando eso que es simultaneamente el río y soy yo misma.














